Once she imagined she lived in a castle

Once she dreamed of romance, once she held the world in her hands, once was a long time ago, Far far away...

Nombre: Guinevere
Ubicación: Spain

" Tenía el rostro muy hermoso, y largos cabellos que parecían un río dorado. Alta y esbelta era ella en la túnica blanca ceñida de plata; pero fuerte y vigorosa hija de reyes. Así fue como Aragorn vio por primera vez a la luz del día a Eowyn, Señora de Rohan, y la encontró hermosa, hermosa y fría, como una clara mañana de primavera que todavía no ha alcanzado la plenitud de vida."

jueves, 30 de julio de 2009

Conexiones

Micaiah alzó la vista y ojeo disimuladamente el gran pasillo de la catedral que se extendía ante ella. Tenia un nudo en el estomago desde hacía semanas y una presión en el pecho que no la dejaba respirar. Los nervios eran dueños de cada centímetro de su piel y no recordaba momento en el que hubiese sentido tanto miedo, tanta incertidumbre, como aquél.
A pesar de todo, tenía un pequeño respiro en sus pensamientos para dedicárselo a Morians.
Guardaba la estúpida esperanza de verlo entre los asistentes, de sentirlo en la inmensa sala. No veía porque razón no podría asistir.
Quizás había intentado matarla, sí.
Pero no lo hizo y en aquellos instantes donde su vida iba a dar tan inmenso cambio quería tener algo que le recordase a lo que siempre había sido. Quería un vínculo de sangre mas que el suyo propio que le trajese la presencia de su padre, de los suyos y la ayudase a dar el paso.

Había muchos otros Caballeros de la Muerte al servicio de la Alianza en la Catedral y si ellos podían soportar estar en suelo sagrado, Morians también debía poder resistirlo.
En su mente se deshacía de la idea de ir acompañada por el, agarrada de su brazo a su destino.
Estaba maldito, no era ni una sombra de lo que había sido, ni tan siquiera guardaba la cordura. A día de hoy, por lo que sabia podría haberse olvidado completamente de ella. Lo añoraba.


( A las afueras de la catedral... )



Un joven esbelto cubierto por una coraza ennegrecida andaba a paso firme por los canales de la ciudad de Ventormenta. A su espalda hondeaba una capa de pieles y la estela de su aura hacía que el musgo y la mala hierba que sobrevivía en la pavimentada ciudad se marchitara a su paso.
Estaba teniendo uno de esos pocos momentos de lucidez con los que era recompensado. Y la Luz había querido que fuese en un momento tan importante.
Cuan dichoso se sentía.
No tenía intenciones de entablar conversación con ella, pues sabía que orgullosa como era nunca perdonaría todo el mal que le había causado, todas las veces que había puesto su vida en peligro.

Pero necesitaba verla, quería ser partícipe aunque no lo supiese de un día tan decisivo en su vida. Estaba tan orgulloso de su pequeña hermanita.
Había conseguido hacerse toda una vida sin ayuda de nadie. Sin depender de la generosidad de los Torrealba, sin la influencia de su estimada madre.
¿ Y el ? ¿ que era ? Un horrendo reflejo del reluciente soldado que había sido. ¿ y que consiguió antes de que su vida se echase a perder ? ¿ Varias escaramuzas ?
Pero no osaba a quitarse la vida, guardaba la esperanza de que algún día recuperase por entero el control de si mismo y así entonces poder volver a presentarse ante su hermana y su madre con el debido respeto para disculparse y pedir que les dejase formar parte de sus vidas. Aun no sabía si tenía algún derecho a reclamar nada.

Ordeno con un gesto seco a su semental de la plaga que aguardara en la plaza y subió las escaleras de la catedral con decisión.
Dos caballeros de la Guardia de Ventormenta custodiaban el pórtico, pero por lo que el sabía, todos eran bienvenidos a dicha celebración.
No debería haber ningún problema... pero lo hubo.
Los guardias cerraron el paso a la catedral y lo inspeccionaron de arriba abajo, lo atravesaban con la mirada como si intentaran averiguar algo mas de lo que podía verse a primera vista.

- Identificaos, caballero.- Exigió con tono áspero uno de ellos. Seguramente era el de mayor rango puesto que sobre sus hombros portaba una capa azul marino ribeteada en dorado de la que el otro carecía.
-¿ De verdad a todos los presentes le habéis pedido identificación? No os creo... - exhibió una sonrisa burlona con su última frase.

Se pusieron firmes y ambos llevaron su mano derecha a la empuñadura de su respectiva espada.
Ninguno de ellos parecía ir en broma, no cederían. Que molestia.

-Está bien, está bien. No derramemos sangre en vano... hoy. Mi nombre es Morians Merryweather. Merryweather...- dijo mas lentamente. Seguro que os suena el apellido.- formo una sonrisa amistosa. Había ido con ánimo de pasar desapercibido y no armar escándalo. Si tenía que seguir las directrices un día por su hermana, lo haría.

Los dos caballeros intercambiaron miradas, al principio extrañados. Luego el de mas alto rango asintió y con resolución se dirigio a Morians.
-Sir Merryweather, si sois tan amable me gustaría que nos acompañaseis. Tenéis un lugar reservado.- se puso a su lado y le indicó que bajase las escaleras. El otro guardia se posicionó justo detrás de el.

Mientras bajaba los escalones caviló en que algo no andaba del todo bien.¿ Su hermana otorgándole un lugar especial en la ceremonia ? No es que pensase mal de ella. Pero las últimas veces que había intentado ir a verla en plena noche se había encontrado con una puerta custodiada por dos de sus escuderos ¿ y ahora era un invitado de honor ? . Algo olía mal y esta vez no era el.

Llegaron a una esquina del lateral derecho de la catedral donde la sombra lo cubría todo. Los guardias se pararon en seco y se volvieron hacia el caballero de la muerte. Ambos desenvainaron sus armas y se colocaron en posición defensiva.
Pensó que no sería fácil, la Guardia imperial tiene cierta reputación y aunque en su estado mas inestable no le habría supuesto nada acabar con ellos ahora tenía una conciencia con la que cargar. ¿ Le creería si le contase que los había matado en defensa propia? No, definitivamente no.

Solo había una posibilidad. Invocó a los muertos con una oración maldita en una lengua que nunca debería ser pronunciada en voz alta. El suelo que lo rodeaba torno en tierra húmeda y de dicha tierra una decena de miembros variados de la plaga se alzaron para combatir bajo sus ordenes. Ilusos que subestiman el poder de aquellos que han estado bajo el grandioso dominio del Rey exánime.

- Los quiero muertos.- siseo Morians a sus esbirros.

Para una desagradable sorpresa de Morians los caballeros habían hecho acopio de la luz provocando una explosión que había dejado aturdidas a todas sus criaturas y le había entumecido los miembros dejándolo casi paralizado.

- ¡ Paladines ¡.- La parálisis le duro unos breves segundos tras los cuales se agarro con fuerza a su espada. Confiaba en ella, pero no sabia hasta que punto...


Paladines para custodiar la entrada a la catedral. No tenía sentido, era malgastar a poderosos guerreros tocados por la luz en... una guardia que podría hacer prácticamente cualquiera.
Almenos que...
No quería darse protagonismo, pero la seguridad en la habitación de Micaiah, la insistencia en que se diese a conocer, el hecho de que los guardias fuesen concretamente paladines... ¿ Estarían esperándole ? ¿ Y con que motivo ? ¿ tanto lo odiaba ?
Después de todo seguía siendo su hermano.
Esto no cuadraba para el y pensaba llegar al final del asunto aunque tuviese que pasar por encima de algunas cabezas imperiales.

Se relamió ante las expectativas de una gran batalla, crujió un poco los huesos de sus hombros e intentó atentar contra el paladín de la capa cuando algo lo recorrió como si un rayo del cielo hubiese impactado contra el. Lo dejó sin aliento, electrificando cada parte de su ser. Exorcismo.
Pocos elegidos lograban controlarlo por completo, pero en manos de un experto podía ser fatal para los que eran como el.
Lo tenían todo preparado, ahora estaba seguro de ello.

Lo intentaron exorcizar una vez mas y el duro golpe que para el consistió aquello, lo hizo caer de rodillas al suelo. Miro los restos de sus esbirros esparcidos por el pavimento y supo que era el fin.
Aquellos dos no iban a darle una lección, tenían ordenes de matarlo y lo conseguirían.

Supuso que en ese momento no se le ocurrió otra cosa que hacer. Sabía que no iba a oírlo, sabía que no correría en su auxilio.
Pero.. tenía fe.
A estas alturas de su vida, de lo poco que le quedaba, tenia fe en que ella oyese sus gritos, en que fuese consciente de que estaba en peligro, y aun así, si lo escuchase y no quisiese hacer nada al respecto que atendiese la súplica de su perdón.

- ¡¡ Micaiah !! ¡¡ Micaiah !! - gritó con todas las fuerzas que quedaban. Repitió su nombre numerosas veces hasta que casi se quedo sin voz. Si hubiese tenido lágrimas habría llorado de impotencia. Se sentía engañado, traicionado. Pero de algún modo no por ella, se resistía a creer que aquella criatura tuviese algo que ver con semejante emboscada.

- ¡¡ Micaiaaah !! - desgarraba su maltrecha garganta por cada grito. Los dos paladines aguardaban de pie frente a el.
El exorcista hizo un gesto que interpretó como una bendición mientras que por parte de el otro recibió un puntapié en el estomago y le obligó a mirarlo tirándole de la cabeza hacia atrás. Antes de que Morians pudiese volver a gritar el nombre de su hermana un corte limpio con el filo de una impoluta espada le rajó la garganta. El quedo ahí, inerte sobre el suelo, empapado y rodeado por su propia sangre putrefacta.

El guardia había sacado un pañuelo de lino y limpiaba la hoja salpicada de sangre y los restos de los esbirros de la plaga de su armadura.

- He sentido lástima por el. No parecía venir dispuesto a causar ningún mal.- murmuró con cierta vergüenza el exorcista mientras se deshacía de su casco.
- A que estuviese dispuesto no nos importa. Eran ordenes directas y hemos cumplido con nuestro deber, no tenéis porque pensar mas en ello.- tiró el pañuelo con una mueca de asco sobre el reciente cadáver.

- ¿ Vamos a informarle ? Querrá saber que su hermano ha muerto..- el joven incomodo no sabía donde mirar. Estaba al corriente de lo que aquel caballero de la muerte había hecho, le habían advertido del peligro que suponía pero..
- No. No ha de saber nada de lo que ha pasado aquí.
- ¿ Ordenes ?
Envainó una vez mas su espada con exasperada lentitud y asintió con la cabeza a su compañero.

miércoles, 24 de junio de 2009

Mucho que aprender

- ¡ Dispersaos ¡ ¡ Nos veremos donde comienza la brecha de Lunargenta ¡- grité con todas mis fuerzas y acto seguido corrí por mi vida.
Otra expedición fallida mas, menudo expediente de fracasos que me estaba construyendo. Un grupo de aspirantes y yo habíamos viajado hasta Lunargenta para inspeccionar cierto pasadizo que parecen ser unas antiguas cloacas de piedra. Ibamos a ver si se le podía sacar algún fruto para futuras incursiones.

Bien, Los sindorei, al contrario que sus aliados, los renegados, no dejaban nada al azar y aquella brecha estaba constantemente vigilada, no como la de la antigua Lordaeron por la que hemos invadido las ruinas de la ciudad multitud de veces.

Habíamos escapado de aquel túnel a duras penas para introducirnos directamente en la boca del lobo, la corte del sol. Si seguíamos todo el grupo junto llamaríamos demasiado la atención y en breve estaríamos rodeados de soldados élficos.
La única posibilidad era dividirse y que cada uno velase por su propia vida. Era pleno mediodía, y puede aparecer algo suicida un ataque en plena mañana soleada, pero como ya he dicho, solo era una expedición sin ánimos de batalla que se había torcido.

El sudor que se deslizaba por mi frente empezaba a nublarme la vista y era consciente de que mi armadura de placas hacía demasiado ruido mientras corría.
O me deshacía de ella o acabaría con varias espadas en la garganta. Nunca he estado cegada por directrices o códigos disciplinarios, tres años como mercenaria te enseñan a que el honor no sirve de nada si no sigues con vida para preservarlo.

Me introduje en una callejuela donde había dos posadas que según mi borroso mapa conectaban con otra de las calles principales. Miré a través de los velos de seda si había alguien en ellas. Todo en calma.
O casi, algo gritó unas solemnes palabras de las que no entendí nada y al girarme vi a un sindorei en el que relucía una mirada helada con la malicia de los caballeros de la muerte montado sobre un zancudo acorazado.

En alguna otra ocasión quizás hubiese intentado darle esquivo en la posada, pero me había comprometido en no darle nunca mas la espada a un caballero de la muerte por mucho que mi vida dependiese de un hilo. Realmente, de nada servía saltarse ciertos códigos y protocolos si yo me terminaba poniendo otros propios aun más estúpidos y sin sentido.
Tiré mi espada y el escudo de ventormenta a un lado, estaba agotada y libraría la batalla solo con el poder que la luz humildemente me otorgaba... si es que decidía acudir en mi ayuda.

Me concentré y deje que la luz viniese a mí, que fluyese cómo si mi cuerpo tan solo fuese su recipiente y canalizador.
Era agradable convocar el poder de la luz. Una vaporosa calidez te envolvía y te hacía sentir parte de algo grande, mucho más grande de lo que se puede llegar a concebir.
Por último, un instante de júbilo te indicaba el momento exacto en el que dirigir todo aquélla condensación hasta un objetivo.
Una ráfaga de luz dio de lleno en el caballero de la muerte que se tambaleo y casi cae confuso de su montura.
Me dirigí corriendo hasta él, saqué una daga que tenía atada al cinturón y la clave sin miramiento en su garganta y desgarré su carne hasta la mitad del pecho.

Me envaré para hacer frente a su posible enfurecida montura pero me llevé una grata sorpresa al comprobar que ella seguía allí, impasible, cargando con el cuerpo inerte del elfo.
Hasta entonces no había podido fijarme con tranquilidad en la majestuosidad de dicho zancudo. Bajo una capa de sangre aun caliente se podía entrever el esplendor de unas plumas blancas como la nieve.
No apartaba su mirada de mí, en cierto modo hasta llegaba a intimidar. Todas las criaturas albinas tenían esa aura de inteligencia oculta de la que las demás carecen.

Bajé el cadáver al suelo y le despojé de sus ropas de cuero negro. Lo dejé tirado en un rincón cerca de la taberna; con suerte y si eran ciegos no verían la mancha carmesí que lo rodeaba y pensarían que sería solo un borracho.

Allí mismo con rapidez, me deshice de la escandalosa armadura y la cota de malla. Deseché ambas junto con mis armas y me enfundé en las ropas el elfo muerto. Era realmente repulsivo, el cuero desprendía un terrible olor a descomposición que era casi insoportable.
Por último me puse la capucha de la gran capa de lana y me cubrí la cara casi en su totalidad menos los ojos. El tufo de aquellas vestimentas me aturdían pero con la armadura habitual llamaba demasiado la atención y me deberían escuchar desde la otra punta de las tierras fantasmas.
Le saqué también la armadura al zancudo albino y con cierta desconfianza de un salto monté sobre él.

- En marcha amigo. - Le susurré a mi nuevo y extraño corcel, quien obedeció de inmediato y cruzó la calle a toda velocidad.

Lo mas adecuado sería salir por la calle comercial, incluso a riesgo de exponerme a una multitud. Era el camino más corto para reunirse con mis hermanos. Si es que había sobrevivido alguno... no era aficionada a darme falsas esperanza, ante todo, para la supervivencia, había que ser realista.

Tal como pensaba, aquella salida estaba atestada de guardias. Cavilé sobre las posibilidades que tenía de que me dejasen pasar. Ninguna.
La montura estaba manchada de sangre seca y en mis ojos no brilla aquel codicioso reflejo esmeralda.
Di unas vueltas alrededor de la subasta examinando con detalle la zona.
La puerta menos vigilada era la sur, con solo dos guardias custodiándola, pero quizás demasiado estrecha para que entrase el zancudo por ella.
No podía arriesgar su vida por un tonto capricho, se bajó de él y le acaricio el costado.
- Yo quería darte toda una vida llena de aventuras pero tendrás que conformarte con ser la nueva adquisición de alguna elfa vanidosa y ricachona.

No volví a dirigirle la mirada, era una ave excepcional y me dolía de verdad dejarla allí. Podría haber sido el consuelo de tan espantosa y desafortunada expedición.

Con paso firme avancé hasta la puerta e intenté cruzarla con normalidad sin decirle nada a los guardias.
Todo parecía salir a pedir de boca cuando a mis espaldas escuché unos murmullos y uno de los guardias me clavó en el suelo con una mano.

Me preguntó algo en voz alta y con el tono insolente que siempre adquieren las palabras en boca de los elfos pero no le entendí. Intenté seguir mi camino sin contestarle pero apretó con mas fuerza, de allí no iba a salir sin dar explicaciones.
El otro guardia también se había vuelto hacia mí con su lanza preparada por si intentaba hacer algún movimiento ofensivo.

Estaba perdida. Quizás no del todo. Solo un elfo estaba en posición de ataque.
Recé a la luz por que la lanza no atravesase ningún punto vital de mi cuerpo. Me acerqué con toda la actitud relajada que fui capaz de fingir al elfo que me sujetaba y cuando nervioso, dirigió algunas palabras a su compañero me apoyé en él y le metí una rodilla en el estómago.
El otro elfo reaccionó con rapidez y clavó con fuerza su lanza en mi hombro derecho.

Aullé de dolor alertando posiblemente a todos los guardias de la zona. Era una hoja ancha y con varios salientes. Cuando agarré el mango del arma con las dos manos y la saque de mi cuerpo grité aun más.
Con un elfo lamentándose aun por un par de posibles costillas rotas y el otro preparando un segundo golpe con la lanza salí corriendo cubriéndome con una mano la herida abierta.

Atravesé los jardines maldiciendo la húmeda y sofocante temperatura de la isla que ayudada de la perdida de sangre a causa de la herida me estaban apunto de hacer desmayar.
A lo lejos divisaba ya la brecha abierta hace unos años por el traidor y unos diminutos puntos azul cielo que debían ser mis hermanos.
Mientras avanzaba deprisa me deshice de la capucha y alcé los brazos. Solo hacia falta que no me reconociesen y me quisiesen empalar por segunda vez en el día.
Los cuatro hermanos se arremolinaron sobre mi lanzado miradas de desaprobación y preocupación por la reciente herida.

- ¡ Nos vamos de aquí ! ¡ Ya ¡ ¿ Y los caballos ? - dije con un tono exigente.
- Dos de ellos han sido devorados por criaturas de la plaga que aun vagan por la zona mientras estábamos en el interior de la ciudad.
- Bien, pues tu y yo – dije señalando al azar a uno de los hermanos. Iremos montados detrás de las monturas de otros.
Mientras me ayudaba a subir uno de los jinetes, me pareció ver algo entre la maleza que rodeaba el putrefacto camino. ¿Un destello quizás? Algo relucía entre las hojas de aquel paraje lúgubre.
- Milady, es peligroso... - le hice un gesto para que guardase silencio y avance hasta la criatura.

Entre los pastosos y muertos juncos se encontraba un zancudo albino de una belleza incalculable a pesar de que estaba cubierto de fango y sangre. No sabía como había logrado escapar de la ciudad, ni porque la había seguido ¿estos bichos superficiales como sus dueños tenían algún sentido de lealtad? No tenia ni idea. Pero no pensaba desaprovechar aquella oportunidad. Monté sobre el una vez mas y grité:
-¡ En marcha ¡

Durante el largo camino que recorrimos hasta la ciudad de Ventormenta me contaron como continuaron unidos cuando dí la orden de dispersarse y de como entre unos y otros habían conseguido eludir a los guardias y habían salido ilesos de aquélla gran ciudad amurallada.
Maldita fuese mi independencia.
Tenía muchas cosas de las que arrepentirme y otras tantas que debía de aprender, pero sobretodo esperaba poder borrar de mi gran lista de defectos el orgullo que me hacía poner en peligro una y otra vez la vida por no admitir que necesitaba ayuda.
Observé como charlaban animados los hermanos cuando alcanzamos a ver la punta de la catedral de ventormenta, tenía demasiado que aprender de ellos.

viernes, 17 de abril de 2009

Sir Morians ( Micaiah )

El ambiente se había helado, seguramente no habían pasado ni treinta segundos desde que se encontraba allí, esperandome, pero ya parecía que toda la maleza estaba recubierta por una capa húmeda de vientos del norte.
Lo detestaba, lo despreciaba, su sola presencia imperfecta y corrupta me hacía sentir nauseas. Y sobretodo, lo que mas odiaba es que me mirase con esos ojos azules, los de siempre, los de cuando eramos niños. Todo el valle se encontraba en penumbras pero yo sabía que me había visto, no, realmente me había sentido. Un nudo fuerte me apretaba el corazón pues a la par de que quería que se quemase en el infierno lo amaba con todo mi ser, pues era, y seguiría siendo mi hermano mellizo, Morians.

El soldado Morians había luchado con valentía a las ordenes del Capitán Sir Eddard Merryweather en la primera defensa de Lordaeron. Recuerdo cuanto lloré cuando marchó a la guerra, pues con el, un trocito de mi también se iba. Debe ser cierto que los mellizos tenemos un vínculo especial, algo que nos une y nos reconforta, algo que nos ata indefinidamente el uno al otro. Y espero que nadie me juzgue por ello, pero me hubiese encantado oir de los labios del mensajero que mi hermano Morians murió en la muralla de la gran ciudad caida. Pero el mensajero calló y me miró con sorpresa y aunque madre, ingenua, lloraba por sus muertes yo sabía que el recadero guardaba algo mas que le estaba prohibido decir, sin duda un horrible y deshonroso suceso. Morians no estaba muerto, o almenos no en el completo sentido de la palabra.
Pensé en esperarle, toda una vida si era necesario pues en el fondo creía y tenía fe en que mis sospechas fuesen erroneas y el viviese, si, pero sin ser mancillado.
Para mi desgracia los años pasaron y mi naturaleza inquieta me llevó a alistarme como soldado a la defensa de Ventormenta, a instruirme como paladina. Quizás no era mi inquietud si no la necesidad de reemplazarlo lo que guiaba mis pasos. No estoy del todo segura.
Noches sin luna soñaba con el, soñaba con que aparecía al pie de mi cama y alzaba sus brazos para que me refugiase en ellos. Ahora se que no fue un estúpido sueño, mientras el poder el Rey exánime se debilitaba liberando del control a algunos de sus caballeros de la muerte las visitas de Morians fueron mas frecuentes.
Por cada noche en vez de acercarme a la tentación de aceptarlo como mi hermano que era, mi orgullo me alejaba de el pues antes muerta que caer en las garras de Arthas y el, que era como yo, que eramos uno, había caido y eso no hacía mas que corroborar mi propia vulnerabilidad.

Había cambiado, la larga y rizada melena pelirroja ahora era una cascada gris y su piel cálida y sonrosada tan caracteristica de nuestra madre era blanquecina, como aquel al que aguarda su tumba. A pesar de todo éramos un reflejo el uno del otro, ahora un reflejo extraño y cruel, pero seguía siendolo.
No llevaba ropas de batalla, iba de cuero negro de los pies a la cabeza y emvuelta en una gran funda su espada, su nueva y única espada.
Enarcó una ceja como si le sorprendiese ciertamente que no me acercase a el con júbilo, pobre infeliz.
Me dirigí con decisión a Atreyu pues no debía tener miedo. Almenos eso me hubiese gustado pensar pues no recuerdo ninguna otra ocasión en la que me hubiese encomendado tan fervientemente a la luz y su protección.

- ¿ No te atreveras a ignorarme, verdad ? - se volvió tan rápido que no lo vi y me sujetó la muñeca con fuerza. Sus palabra destilaban rencor.
- Sueltame Morians, no tienes derecho ni siquiera a rozarme, ni a mi ni a ningún miembro de esta familia.- di un tirón con fuerza para librarme de el y me apresuré a montar en el caballo.
-Oh, nuestra querida mamá ¿ que has hecho pequeña Mica ? ¿ que mal conjuro has hecho para que no pueda pasar tras las murallas de esa vieja casa ?- me pregunté si estaréa mintiendo ¿ conjuro ? ¿ que conjuro ? bueno, la esencia de todo esto es que Melissa estaba completamente a salvo, daba igual la naturaleza de dicho escudo.
- No se de que me hablas.- se interpuso entre mi cuerpo y el de mi montura.- Te sugiero que te apartes si no quieres que te ajusticie aquí y ahora. Colgaría tu cuerpo inerte de las murallas de ventormenta si de mi dependiese.
- Sabes que eso no es cierto Micaiah, no seas mentirosa... no digo, ni pongo en duda que puedas acabar conmigo con esa ridícula daga a la que te aferras pero serías incapaz de matarme pues en el fondo sabes que soy tu hermano y que aunque te atormente te sigo queriendo ¿ Y no querrás perder a uno de los pocos que sentimos por ti verdadero afecto verdad ? Madre, yo... que vida tan miserable pequeña, te merecías mucho mas.

Algo ardió en mi interior y sin poder poner en orden mis prioridades o las consecuencias de mis actos saqué con rapidez mi daga de la túnica y se la clavé con fuerza en una pierna. No miré la herida, no quería verlo sangrar. Ni tan siquiera me llevé la daga conmigo. Me subí de un salto a Atreyu y lo espoleé con fuerza para marcharnos de aquella pesadilla lo antes posible y que me llevase lejos, muy lejos.
No pensé en volverlo a ver en semanas, quizás meses.
Sus apariciones eran esporádicas e irregulares, algo en su vil transformacion no debió salir muy bien pues no solo guardaba esa amarga esencia que todos los caballeros de la muerte tienen si no que con ella se vincula también un ápice de locura. Una malsana y sobrecogedora locura.
Dejé a mi montura en los establos descansando, ya era medianoche.
Cuando entré en la posada las mesas estaban barrotadas, enanos y humanos bebían y celebraban el productivo dia ¡ incluso había algun elfo ! Para ellos era una joven noche llena de risas y diversión después de un dia duro de trabajo. Minerva se apresuró a preguntarme si quería algo pero la despaché con un gesto. Subí con cierta pesadez las escaleras y abrí la puerta de mi habitación.

Un cálido fuego ardía en la chimenea y mis pequeños, mis bienamados levantaron sus cabecitas al oirme entrar en la estancia. Me descalcé y fui a reunirme con ellos a pie de la hoguera. Al pequeño azur Zarzamora se le habían unido dos dragoncillos mas que había adoptado en mis interminables viajes.
Rhaenys era una cría carmesí que en cierta guardia a las puertas de la ciudad de Menethil había encontrado deambulando perdida. Al principio, pensé que su imponente madre la estaría buscando y a riesgo de ganarme unos buenos y peligrosos rasguños fui a devolversela. Solo habían huesos y carne desecha.
Quizás fue un cazador o quizás no, pero no recuerdo a muchas criaturas capaces de enfrentarse a un gran dragon carmesí.
La otra diminuta cria era esmeralda y se llamaba Nymeria. a esta la guardaban en una jaula para subastarla en la capital, se llevo dias sin comida ni agua y nadie se interesaba por ella. Digamos que tuve que usar ciertos de mis recursos y no económicos para hacerme con ella. Mi maza y yo podemos ser muy persuasivas cuando así lo queremos.

Ahora yo era su madre, era todo lo que tenían y me había comprometido a criarlos y darles una oportunidad.
Por supuesto la posadera Minerva sabía de ellos, pero no su marido. A ella le parecían encantadores y sabía que si me echaba, en ningún otro lugar podría tenerlos, la casa de la orden no era una opción. Había acordado con ella que me haría cargo de sus destrozos por si alguna vez incendiasen algo, la cama, la habitación o la posada en si. En realidad no tenía ni idea de donde sacaría el oro para costear semejantes reparaciones pero ya pondría atencion en ello cuando ocurriese la castástrofe.

Me saqué la túnica y busqué mi armadura de cuero y pieles. Después de lo ocurrido no me sentiría segura con una camisa para dormir y la armadura de placas sería realmente incómoda para descansar, esta era perfecta. Después de ataviarme con ella busqué en una bolsa de pellejo unos trozos de serpiente muerta que aun se mantenían frescos. Me senté de cara a la chimenea y carbonicé los pedazos de carne para después lanzarselos a los tres dragones. Mi mente divaga sobre lo ocurrido aquella tarde mientras veia a mis crias comer. Ahora en la tranquilidad de lo que podriamos llamar hogar el juicio sobre los actos de Morians se endulzaban, la herida que le había hecho me pareció un terrible error y sobretodo anhelaba su compañía. Pero tenía que resistir, el ya no era mi hermano, había sido un esclavo mas al servicio del Rey y ahora, liberado, era un títere de su crueles instintos. Lo mejor sería que pensase en como desacerme de el lo antes posible, y no podría contar con nadie, esto debía hacerlo a espaldas de los demás y completamente sola.

Mientras Zarzamora y Rhaenys peleaban por un trozo de carne Nymeria se acercaba con torpeza y se terminó por enroscar a mi lado para dormir. La respiración pausada de la dragona y el calor del fuego en conjunto con aquel día difícil y extraño hicieron que callesé en un breve sueño abrazada a mis rodillas sentada sobre el suelo.

El revoloteo de los dragones y el olor a podredumbre me sacaron del sueño. Al principio pensé que una fortuita guerrilla en la posada había llegado a mal puerto con la muerte de algún cliente o quizás algún asesino había dejado su recibo a pies de una casa cercana pero luego pensá que el ambiente no solo estaba cubierto de muerte si no también de la putrefacción de varios dias, frio invernal y bueno, supongo que el inquietante sonido de el acero arastrado por las tablas de madera también era para tener en cuenta.
Me levanté de un salto y me hice con mi escudo habitual de batalla, uno que de rodillas me cubría por completo, perfecto para situaciones defensivas. La espada la dejé en su sitio, no pensaba acabar con la vida de nadie y tenerla en mano junto al escudo me hacía mas torpe y lenta. Salí con prisas de la habitación y cerré con llave, ante todo la seguridad de mis crias. No tuve que dar ni dos pasos para ver subiendo por las escaleras el reflejo de lo que amenazaba aquella noche la posada.
Una gran espada forjada con hielo, hierro vil y colmada de runas acompañadas de una mirada glacial se acercaban con tranquilidad hacia mi. Cuando la luz de la luna que iluminaba el pasillo lo cubrió pude ver que tras de Morians, una criatura deforme, un maldito y traicionero necrófago lo seguía, de el procedía ese olor tan particular.
Puse el escudo por delante de mi y miré con desprecio a su nuevo "amigo".

- Vete por donde has venido Morians, y nadie saldra herido. No hagas nada de lo puedas arrepentirte, esta es casa de indefensos civiles y no tienen nada que ver con nuestra guerra personal.- Antes de haber acabado la frase se rió con ganas.
- No vengo en pos a sus almas, no...esta vez no, vengo a por la tuya, Micaiah. ¡ Ah ! Me has hecho daño ¿ lo sabías ? - se señaló la pierna herida, supuse que bajo la armadura aun tendría la cicatriz abierta.
- Salgamos Morians, no quiero causar destrozos, zanjemos esto en un lugar mas seguro para...
- ¡ Será ahora ! -y dicho esto lanzó su gran espada hacía mi que a duras penas paré protegiendome bajo el escudo.

Reuniendo todas mis fuerzas me alcé, conseguí repelerlo y que retrocediese dos pasos. Lanzó otra estocada pero esta vez de forma horizontal a la que me retiré antes de que me cortase el cuello. Cogí el blasón de Lordaeron en peso y cubriendo mi lado derecho cargué contra el dejándolo unos segundos confuso, lo suficiente para volverme atras y ponerme en guardia una vez mas.

- Cuando yo era un experto soldado en manos de padre tu aun eras una niña indefensa aprendiendo a bordar ¿como se te pasa por la cabeza que podrias derrotarme?- comentó con tono insolente mientras se reponía.
- Porque las cosas han cambiado.
- ¡ Ah, ya ! Te han instruido y ahora formas parte de una gran orden y...- siempre he sido una persona con un mal caracter dificil de controlar y este no era uno de mis mejores momentos. Estaba cansada, era medianoche y no queria escuchar mas tonterías por el dia de hoy asi que con fuerza lancé mi escudo acertando de lleno en su estómago.

Escupió sangre a un lado y terminado de captar el concepto de que no quería oirle decir ni una palabra mas continuó con el ataque, esta vez con mas fiereza. Era rápido, y mucho mas fuerte de lo que pudiese ser yo, habría adquirido algunos aspectos sobrenaturales con su rendición al Rey exánime y sabía perfectamente como y cuando utilizarlos . En esos momentos me arrepentía cada segundo que pasaba de no portar la espada, este sí era un duelo a muerte. Consiguió tirarme varias veces contra el suelo y aunque en la primera ocasión me repuse apoyando el peso de mi cuerpo sobre el escudo la segunda vez algo mas abatida no lo conseguí y lo único que estaba en mi mano hacer fue reunir las fuerzas de la luz para que creasen un barrera protectora dándome unos segundos de vida mas.

No podía sanar mis heridas, habia llegado al borde de mis fuerzas y casi había perdido el conocimiento. El, conocedor de mis limites apartó la espada y esperó a que el escudo protector se disipase.
- Que lástima, esto no tendría porque haber acabado asi. En algunos lugares de Azeroth se cuenta de que cuando un mellizo muere el otro también pues estan atados en la vida y en la otra que hay mas allá. ¿ Quieres que probemos si es cierto Micaiah ?.- La fuerza protectora se iba disipando poco a poco y el se acercaba cada vez mas.
- Estas enfermo Morians y ni yo ni lo que hay después de esta vida podriamos salvarte, puesto que tu alma ya esta condenada a errar y redimir sus pecados con su eterno sufrimiento.

La barrera desapareció y por un breve instante nuestras miradas conectaron, ahí, a pesar de todo estaba mi querido hermano. Recibí un golpe con el reverso de su espada y caí sobre la pared para despuéss resvalar poco a poco hasta el suelo cubriendolo todo de sangre. Moverme era imposible pero tampoco sentía mis heridas, solo notaba el sabor a óxido y sal de la sangre en mi boca y como el suelo se iba empapando con ella. Cerré los ojos, un profundo sueño se iba apoderando de todo mi ser y pense que la muerte vendría a por mi. Y no por dulce si no por temprana la odié, habría querido hacer tantas cosas, tenía tantos asuntos pendientes, mucho que decir, aun me quedaban sensaciones que descubrir.

Lo próximo que recuerdo es el dolor de las magulladuras por todo mi cuerpo y de como alguien me llevaba en brazos. Escuchaba voces, exclamaciones ¿ habría llegado ya la madrugada ?. Me dolía, quería que me soltasen, me apretaban con fuerza y creía que me desmayaría por las agudas punzadas que sentía en cada musculo. Pero no me desmayé, ante todo pronóstico abrí los ojos y el sol brillante de una buena mañana me deslumbró. Reconocí el casco de aquel que me portaba, la armadura, era un miembro de la Guardia de Ventormenta. Le estaba agradecida.
- Descansad, pronto estareis en la catedral y los sacerdotes haran que os sintais mucho mejor.
- Si...
Estaba viva, Morians vino a por mi alma y no se la llevó, quizás aun quedase algo de humanidad en aquella criatura cruel.
Bueno, lo importante es que todas aquellas cosas que lamente no poder hacer ahora estaban a mi alcance, y no pensaba desperdiciar ni un segundo.

lunes, 6 de abril de 2009

Una carta inesperada ( Micaiah )

Tendrían que disculparme.
O si no, soportaría cualquier castigo que me infligiesen por desobediencia.
Estas eran unas causas mucho mayores. A primera hora de la mañana me dirigí hasta la posada donde habitualmente me hospedada para poner en orden mis cosas, lustrar la armadura de Atreyu y comer algo antes de tener que ponerme en marcha una vez mas hasta Rasganorte.
Hacia un día espléndido y a pesar de no ser ni las 7 de la mañana Ventormenta ya estaba llena de vida. Los mercadeares ponían a punto sus tiendas y los ciudadanos comenzaban sus quehaceres.

-Buenas Días, Señora Minerva.- le hice un gesto con la mano a modo de saludo antes de subir las escaleras.

Minerva Sunwig era una mujer agradable ya entrada en edad pero que conservaba aun un reflejo de enigmática belleza de años atrás. Una sonrisa picara le asomaba de cuando en cuando por la comisura de los labios y a pesar de su edad alta, fuerte y ágil. Era toda una gran señora que siempre tenía una palabra amable para todos sus huéspedes.

-Señorita, disculpad las molestias, pero me ha llegado carta urgente para vos...

Que extraño. Solo habían dos personas que supiesen mi paradero exacto. No era precisamente porque me escondiese, simplemente apreciaba como oro mi intimidad.
Tomé la carta de manos de la señorita Minerva con cierta desgana. De una de esas personas no quería recibir absolutamente nada y de la otra, bueno, sea lo que fuese esta claro de que no eran buenas noticias. Que lastima, hacia un día precioso.

La carta era de Lady Melissa de Torrealba, mi señora madre.
En la carta explicaba que en una de sus salidas a la capital se vio obligada a esconderse en la maleza puesto que un pequeño grupo del enemigo atentaba contra las murallas de la ciudad, sin éxito, por supuesto.
Mi madre se había arañado con la maleza con tal mala suerte de haberse escondido en el único posible lugar en kilómetros a la redonda donde habría flora venenosa.
Tenía una intoxicación, nada grave. Pero los sacerdotes a disposición del pueblo estos días recientes escaseaban debido a las numerosas batallas que se libraban.
Me pedía que fuese a visitarla para acabar con su infección y para ver la cara de su hija que según decía ella hacia siglos que no veía. Que dramática.
A pesar de todo iría.
Era mi madre, la única familia que me quedaba y aunque exagerada si era cierto que descuidaba mis visitas.
Además, me preocupaba que le subiese la fiebre.

Lady Melissa de Torrealba, ahora Melissa Merryweather era la primogénita de una familia noble que llevaba 5 generaciones habitando en los limites de Villadorada.
Los Señores de Torrealba habían sido una familia rica e influyente hasta que las incursiones orcas a sus tierras habían ido mellando su economía y por lo tanto su tan estimada influencia. A Melissa, una joven virtuosa y de una belleza singular la hicieron casar con un capitán de la guardia de Lordaeron, Eddard Merryweather.
El joven no era de familia noble, no tenía tierras ni títulos pero si dinero, pues generaciones atrás antes de que el abuelo de Eddard ingresara en la guardia habían sido mercaderes bien acomodados.
La joven no estaba muy entusiasmada por la idea, imaginaos, de estar viviendo a cuerpo de reina en casa de sus padres a pesar de las deudas pasaría a estar casada con un austero militar viviendo en una casa de campo alejada de todo.
Por eso, cuando llega a sus oídos la noticia de la muerte de su esposo y sus dos hijos en la defensa de Lordaeron lo sintió por sus pequeños, lloró durante amargas semanas por ellos y cada día desde entonces ha visitado lo que dicen que son sus tumbas, puesto que los cadáveres nunca pudieron ser recogidos de la gran ciudad caída. Echo también de menos a su marido, sin duda, pero el golpe no fue ni una décima parte de doloroso.


Era hora de ponerse en marcha.
Tendría que vestirme para la ocasión, quitarle la armadura a Atreyu y ¡ah¡ rasganorte tendría que esperar.

-Minerva ¿os importaría subir y ayudar a vestirme por favor? me ha surgido un compromiso que tengo que atender de forma urgente.- Necesitaba la ayuda de alguien que tuviese el toque femenino que tanto le gustaba a mi madre y del que yo carecía.

-Por supuesto, ahora mismo subo, en cuanto termine de atender a estos señores de la mesa del fondo.

Dejé a un lado del cuarto mi espada y escudo para desempolvar un baúl viejo de madera que tenía por cerradura el emblema de la casa de los Torrealba.
Habían cartas, pergaminos, tinta, un par de libros y al final de todo una túnica azul marino de terciopelo que solo usaba cuando iba a visitar a su madre o en ocasiones que la etiqueta lo requiriese.
Olía a humedad y parecía mucho más envejecido de lo que era realmente, pero tendría que conformarse con eso. Minerva subió a los pocos minutos y presto un maravilloso servicio. Me ayudo a airear la túnica, ponérmela debidamente y a realizarme una trenza de espigo.
Cuando me mire al espejo casi me entraron ganas de gritar, esa no era yo, era la Micaiah de Torrealba que a mi madre le hubiese gustado que fuese.
Pero estaba tan sola, todos los días en esa gran casa en compañia de un triste gato.
Muy bien, no había nada que temer, montaría sobre Atreyu y saldría tan rápida de la ciudad que a ningún curioso le daría tiempo de volver la cara para mirarla.

Y así fue, tan rápido iba que casi caigo al foso de ventormenta, puesto que estoy acostumbrada a cabalgar con una armadura muy pesada y mi nueva ligereza me pillo desprevenida.



Después de treinta minutos a lomos de Atreyu llegué a la residencia de mi madre. Hace 50 años aquella casa habría sido una mansión espléndida, majestuosa y llena de vida. Ahora solo era un cascaron viejo a medio camino de ser ruina, pero su inquilina se sentía satisfecha en aquel lugar, le recordaba al esplendor de los viejos tiempos, a una época y un lugar al que ya no pertenecía.
La mansión estaba rodeada de altos pinos que hacían sombra a toda la zona y refrescaban en ambiente. Bajé del caballo con cuidado de no estropear el gran trabajo de Minerva y me adentré en el lugar.
Me recibió con un abrazo y un beso en la mejilla para después alejarse dos pasos y examinarme exhaustivamente, como siempre.

-Hija os veo mucho mejor que la última vez.- la última vez vine con una armadura de cuero y pieles embarrados y el pelo revuelto, no tenía que hacer demasiado para que me viese más presentable que en aquella ocasión.
-Gracias madre, os agradezco el cumplido, las cosas han cambiado un poco desde aquella vez.
-Ya me contareis, pero pasad, pasad, he preparado vino caliente especiado y unas tortas de miel.

Pasamos toda la tarde hablando de nuestras respectivas vidas mientras después del vino le atendía la herida envenenada.

- No os entiendo, siempre venís con la misma túnica que os obligue a meter en el baúl cuando os marchasteis ¿cuando os comprareis otra? esta vieja y no os luce, conozco a unos sastres encantadores que...
- Madre, como os he dicho, entre mis votos estaba el de pobreza.- le interrumpí antes de que me hiciese lista de todos esos encantadores sastres que ella conocía.
- Pues os regalare una de las mías, tengo muchas y algunas ya no son del todo apropiadas para mi edad.
- Madre no es necesaria, no las...
- No hay mas que hablar.- que cabezota era, bueno, es hereditario me temo.

Se fue canturreando una canción que había escuchado tiempo atrás dejándome sola en la sala de estar. En un rincón de ella, bajo un retal de seda se encontraba mi antiguo dúlcemele. No sé decir exactamente si lo había echado de menos o no. Había sido mi mas fiel amigo antes de la muerte de mi padre y hermanos, había sido mi confidente antes de irme de mi hogar...
Me llamaba, me tentaba a recordar viejas notas, me suplicaba que lo tocase una vez mas, que llenase esas viejas paredes con melodías por ultima vez.
Bueno, si de verdad iba a ser la ultima vez...
Me levanté, me puse detrás del instrumento y empecé a tocar, no estaba desafinado, sonaba de forma tan deliciosa como aquella tarde hacía casi 7 años.Su sonido era limpio y me ayudaba con su fluir a aligerar la carga tan pesada que llevaba desde hacía unas semanas.

Melissa bajó las escaleras con una túnica color turquesa entre sus manos. Se giro hacia mí con la elegancia que la caracterizaba. Y no dijo nada.
Tomó asiento en la silla mas cerca de la ventana y se limitó es escuchar la melodía que salía de aquel trance en el que había entrado.
Así pasaron al menos dos horas hasta que la puesta de sol hacia su presentación.
Cuando la habitación parecía estar recubierta por un manto dorado dejé de tocar y fuí a sentarme al lado de mi señora madre.

- Yo también los echo de menos madre.- unas amargas lagrimas recorrían el surco de unas arrugas prematuras fruto de la tristeza.
- Pienso en todo lo que pudo haber sido y no fue pequeña Micaiah. Tus hermanos convertidos en valerosos soldados a ordenes de tu querido padre, tú a mi lado hasta que tuvieses edad para formar tu propio hogar, nada ha salido como esperábamos.- con la manga de mi túnica le sequé las mejillas mientras terminaba de hablar.
- Mi padre y mis hermanos murieron de la forma más honorable que pudiera existir en este mundo, defendiendo a los suyos, a su hogar. No debes sentir lástima por ellos pues están cubiertos de gloria como los héroes de antaño allá donde estén.- tomé sus manos entre las mías, estaba tan sola y había sufrido tanto.
-Hablas como eddard querida, en el fondo siempre supe que eras como él- una sonrisa de satisfacción llenó mis labios, mi padre era mucho mas de lo que yo podría alcanzar pero me hacía sentir bien que mi madre viese su reflejo en mi.

El sol se había ocultado tras las montañas y solo quedaban retazos de la luz que lo habían coloreado todo durante el día. Mientras protestaba a Melissa por la túnica que había insistido en bajar, escuché unas pisadas sobre la tierra del jardín. El susurro de una frase que no entendí. La agitación del viento sobre algo. No estábamos solas.
En un acto reflejo me levanté rápidamente la túnica hasta el muslo donde tenia una daga corta sujeta con una correa. La saqué de su funda y amenace a lo que fuese que había en el exterior con ella.
Mi madre reprimió un grito del susto. Y cuando yo ya estaba mas que dispuesta a salir en carrera tras el individuo, Fluffy, el gato de la familia salió de entre los matorrales.
Maldito gato. Si es que eso es lo que era.
Fluffy llevaba en la familia desde antes de que hubiese nacido yo. Tenia según las cuentas 35 años. Larga vida para un gato vulgar.
Era casi tan grande como una pantera negra, lo recubría un sedoso pelaje negro con tonos purpúreos. En resumen, era un gato muy raro.
Si de mí dependiese lo hubiese aparto de aquella casa, pero Melissa lo adoraba ¿ y quien era yo para apartarla de su única alegría?

- Micaiah Merryweather. No volváis a hacer eso nunca mas, me habéis dado un susto de muerte a mí y al pobre Fluffy.- me miraba con el ceño fruncido.
- No puedo evitarlo madre, me siento vulnerable si no llevo un arma conmigo.
- No estamos en una constante guerra hija mía..
- De hecho si que lo estamos, pero no pareces ser consciente de ello.- inmediatamente me arrepentí de haberle dicho aquello con tanta dureza. Yo luchaba para que personas como ellas pudiesen llevar una dulce vida fuera de peligro, esas cosas no se echan en cara. Debo tener presente de que no es como yo.- lo siento madre...
- Estoy segura de que tenéis cosas que hacer pequeña, no quisiera entretenerte de tus tareas.- lo dijo en un tono distante, la había herido y no quería discutir nada mas conmigo, al menos en el día de hoy.

Le di un beso en la mejilla y la deje en el polvoriento salón.
Respire profundamente cuando salí al exterior, aire puro, el frescor que anunciaba la noche, la tierra húmeda.
El placer de volver a estar en el exterior apunto de recorrer un largo y deleitante camino a galope se extinguió de forma súbita cuando justo frente a mi corcel divisé una silueta conocida.
- Maldición... -murmure para mí.

miércoles, 18 de febrero de 2009

Zarzamora, Dragón Azur


No se porque razón hoy empecé a imaginarme la relación entre Micaiah y Zarzamora.
Casi lo podía ver, el viento huracanado, la llanura cubierta de nieve, la tensión de la guerra en toda su magnitud y en medio de todo aquello un huevo perdido de dragón.

Micaiah cabalgaría sobre Atreyu acurrucada entre su capa de pieles con deseos de regresar al Templo y encontraría junto a una gran roca lo que podría pasar desapercibido como un trozo de saronita pero era un huevo.
Esa noche no regresaría al templo pues el color del cascarón delataba aquello que mas temía, que la cria era perteneciente a la estirpe de los Dragones azur, un enemigo. Todos los dragones rubis, esmeraldas, ambares... se habían unido contra la amenaza que representaba en aquellos dias los Dragones Azures que ambiciosos pactaban con el Rey exanime.

Pensaría un nombre adecuado para el pequeño o la pequeña durante horas.
Finalmente no llevaría un nombre épico o digno de un heroe pues aquel pequeño extraviado se criaría en territorio enemigo y no lograría hacer grandes cosas debido a su condición de traidor. No sería adiestrado para ser cabalgado por un jinete, ni siquiera podría darle el entrenamiento adecuado para la batalla, no se lo permitirían. Ese Dragón para sobrevivir debería hacer las veces de compañero y poco mas.
Pero Micaiah ya se habría encariñado con el, lo tendría cubierto con sus pieles y ya no concebía la idea de devolverlo a la terrible tormenta. Sabía que si lograba sobrevivir algún dia tendría que luchar contra el y en ese momento al borde de la muerte ella lo reconocería y no sería capaz de matarlo.

Zarzamora, ese fue su nombre.
Micaiah en sus ratos de ocio se dedicaba a la recolección de plantas silvestres y echaba de menos las tardes de septiembre recogiendo moras. En el norte siempre hacía frio y una capa fina de hielo cubría toda la flora.
El pequeño nació al amanecer cuando la tormenta se apaciguo. Sus escamas eran de un color precioso azul cielo.
Y desde entonces Zarzamora siguió a todas partes a Micaiah, da igual a donde vaya.

sábado, 20 de diciembre de 2008

Una bailarina y un maestro.

La música empezó a sonar.
Al principio era como las olas de una madrugada en calma, un murmullo. Pero aunque solo rasgaba el silencio con unas notas casi inaudible la muchedumbre se giró.
El sonido mas hermoso que nadie jamás haya escuchado jamás sin duda, yo lo veía en sus caras.
Tocaba el violín con los ojos cerrados, no era un genio, era simplemente el violinista sobre todos los violinistas, un erudito.
Y yo iba a tener el placer de bailar acompañada de sus notas que eran como tesoros aun sin descubrir.

La melodía rompió, fue como la marea en calma que se apresuraba para ir al compás de la luna y chocaba contras las rocas cada vez con mas fuerza. No me hacia falta pensar en los pasos, de hecho nunca pienso en ellos porque si lo hiciese no bailaría por placer si no por obligación y entonces el juego tocaría su fin.
La gente se agolpó alrededor nuestra. Todas las curiosas miradas de la plaza se posaban de forma intermitente en el mago que creaba la ilusión de una melodía perfecta y después en mi, que a ojos ajenos debía parecer una criatura exótica y extraña venida un país lejano donde el mar es púrpura y los pájaros tienen plumas de los colores del arco iris.

Éramos la combinación exacta. Éramos el resultado perfecto de una ecuación de magia, misterio y placer.
Seguían el ritmo dando palmas, dando golpecitos con el pie en el suelo polvoriento.
Pero yo no quería un entretenimiento. Yo quería mucho mas. Quería que todos nos gravasen en su corta y estúpida memoria.
Sin dejar de fluir al ritmo de una melodía acelerada y rasgada de violín hice una reverencia al primero hombre que encontré en la fila, le tomé la mano y lo arrastré al centro de nuestro refugio musical.
No baila. Bueno, quizás lo intenta pero no consigue nada mas que la danza que puede hacer un árbol al viento de poniente.
Baila. No hay que ser un tronco, ni tierra seca, hay que ser arena sinuosa y viento que fluye caluroso en el desierto.
Poco a poco atraje cada vez mas y mas gente a nuestro círculo hasta que ya no quedo nada.
La plaza bailaba entera al son de nuestro amigo el maestro.
Entonces no había guerra ni sufrimiento. Solo habían risas y placer.
Esquivé sin detener la danza hasta situarme al lado del protagonista. Le guiñé . Y aunque no tuviese los ojos abiertos y pareciese no salir de su exquisito trance yo se que el me vio.

La danza terminó. Pero no hubo tristezas ni mas canciones, no, el recuerdo del momento era tan pleno y dulce que a nadie se le ocurrió alzar la voz.
Nos inclinamos a la par en modo de despedida y rodeamos la gran fuente camino de la salida de la gran ciudad. Había sido una gran actuación.

martes, 16 de diciembre de 2008

Mi nueva palabra favorita

Me encanta ver como se regodean en sus propias palabras.
Como si fuesen la verdad absoluta, como si fuesen ley.
Me fascina ver como matizan sus observaciones con desprecio y como se llenan la boca aclarándote él porque de su declaración y como remediarlo con sus consejos de persona crecida en la soberbia.

Pero están juzgando con una venda en los ojos.
Tienen un corazón ciego y una mente coja.
No puedes dar sentencia a los demás sin haberte sentenciado a ti mismo antes bajo el yugo de la objetividad. Si no quemas ese velo de egolatría que te cubre, tus opiniones no serán mas que prejuicios sobre los demás.
¡ En parte los envidio! ¡ Quién se pudiese creer el centro del universo!
¡ Quién fuese capaz de obviar, olvidar sus propias imperfecciones!
Debe de ser un sentimiento grandioso sentir que tu no puedes errar porque el mundo entero gira sobre ti.

Por encima de una buena conversación disfruto observando a los demás. Aprendo de sus gestos, de sus reacciones, sus palabras. Cuando llevas mas de diez años en silencio cubriéndote de secretos ajenos descubres que no hay nada nuevo, que nada ya en la vida podría sorprenderte. Todos se guían por un esquema simple de satisfacción similar.
Estoy empezando a aborrecer el orden, las creencias por las que se rigen, la sociedad que nos ampara y nos limita. Porque se empeñan en cortarnos las alas nada mas llegar a este mundo.
Todos esperan que hagas lo que te toca según tu posición y si no lo haces... eres un demente. Estas loca.
Si tienes una opinión distinta al resto, si quieres alzarte sobre ellos... eso es que estas equivocada.
Las cosas no funcionan así, me dicen con frecuencia. Te dejan con la sensación de que las piezas de tu reloj interno funcionan del revés.
No importa, ya tengo mi nueva palabra favorita. Es la palabra de este nuevo año que se avecina, y es, Caos.


lunes, 15 de diciembre de 2008

Reencuentro y pudor ( Micaiah )

( Un poco mas de mi paladina Micaiah ^_^, es una continuación del texto anterior "Dos años" )

- Sir Shaiske... - murmuré y suspiré agotada, no había nada que hacer.
- ¿Sir Shaiske?... - Frunció el ceño y me aplastó contra su reluciente armadura en forma de abrazo. - Amiga mía, compañera.. ¿ Que son esas formalidades? - Me separó amarrándome una vez mas por los hombros como si no fuese mas que un saco de plumas para él.

En esos instantes no tenía la cabeza para reencuentros amistosos, mi mente estaba siendo engullida por una marea de vergüenza como nunca había experimentado. ¿ Quién quería presentarse dignamente en los cuarteles de la guardia? . Yo. Ahora ya me habían zarandeado llena de barro en la entrada de una posada abarrotada a medio camino de la ciudad. Dignidad...

- Vale, está bien, déjame en el suelo por favor. - le empujé para que me soltará y cedió. Se cruzó de brazos y me miró seriamente, como examinándome. Hasta que sus ojos se detuvieron en la gran bolsa donde cargaba con mi armadura, la cota de malla y la espada en su vaina. En un acto estúpido, muy estúpido de galantería me arrebató la bolsa y se la echó a los hombros. Perfecto. Ya no había nada mas de lo que avergonzarme. Que a una paladina forjada en años como yo le llevasen una bolsa era... denigrante.

Respiré hondo, ignoré a mi antiguo compañero y tomé asiento junto a la chimenea.
Me deshice de la capa y me sacudí el cabello. El se sentó frente a mí.
- Las cosas han cambiado desde que te fuiste Micaiah. ¿Te llegó a los oídos la noticia de que nuestro gremio se fundió con hijos de la tormenta? -se acomodo mientras hablaba y le hizo un gesto al posadero para que se acercara.
-No, no sabía nada... de hecho venía a disculparme y pedir el perdón y la reintegración en el gremio.- ¡Qué sorpresa! De hecho ¡ Qué grata sorpresa! Ahora no estaba obligada a volver, empezaría de cero pero como nunca.
- Si... muchos no estuvimos de acuerdo con la fusión. No aceptamos el acuerdo y abandonamos el gremio. ¿ Recuerdas al viejo Spitts? Ahora es parte de otro gremio de renombre, no se si te acordaras de " Hermanos del sur " y la Sacerdotisa Shanaisse ahora trabaja para la catedral de Ventormenta atendiendo a heridos de escaramuzas de los alrededores.
- Vaya. - No sabía que decir, No cabía dentro de mi asombro. El gremio parecía tan sólido, todos estábamos tan unidos... todos menos yo claro, que huí.

Un hombre sudoroso con un mantel manchado de sangre y un bigote ridículo y grasiento se acercó a nuestra mesa.

- Buenas noches Sir Shaiske, buenas noches señora... ¿ Y bien? - El posadero me miró con desprecio, lógico, le había embarrado el suelo de la posada y ahora también una de las sillas. Tampoco debía de tener buen aspecto.

- Nos gustaría dos cervezas de Nethergarde y ¡ Ah! ¿ Una habitación seria posible? La señorita Micaiah pasará aquí la noche. Espero que no estés muy liado Pertes.

- ¿ Liado? Un poco, en fin se hace lo que se puede. ¿ Dos cervezas eh? Bien... ahora os las traigo con la llave de la habitación.

- No pensaba tomar una habitación. De hecho, solo pensaba descansar hasta que pasase la tormenta. - Soy una mentirosa terrible, se dará cuenta.

- Bah, cállate. Tendrás que ponerte la armadura y seguro que te va bien dormir un poco. No tienes buen aspecto. Estás... distinta. ¿ Que has hecho con tu precioso cabello rojizo?. - Paso su mano por mi reciente nuca desnuda. Hacía meses que me había cortado una trenza que casi rozaba la cintura y me había hecho con un producto que me decoloró la melena pelirroja que tanto le había gustado a mi difunto padre.

- Ya sabes... Incompatibilidades con la armadura. Además, las trenzas y los peinados son para las nobles damas, no para una fugitiva. - Le sonreí con descaro, sabía que no estaría de acuerdo.

- Umf - Volvió a fruncir el ceño, pero enseguida se le pasó el pequeño enfado porque el posadero venía cargado con dos cervezas y unas llaves de cobre,
Me recosté sobre la silla y bebí un sorbo. El fuego ardía con fuerza y empezaba a calentar mis extremidades entumecidas por la humedad. Shaiskes me miraba fijamente.

- ¿ Que? ¿ Quieres saber porque me fui? ¿ Es evidente no crees?.- Casi escupí esa ultima frase. Me quemaba la sangre cada vez que pensaba en ello.
- No, no me interesa. Es tu problema y.. Además, el gremio ya no es lo que era así que no importa.

El resto de la velada la pasamos en silencio. Había mucho que contar pero yo estaba agotada del viaje y supongo que él demasiado sorprendido para saber que preguntar. No me importaba, disfruté de mi cerveza de cara a la chimenea, reconfortándome con el calor y pensado que haría a partir de ahora. No existía el gremio como tal así que ¿ debía de buscar otro? ¿ O seria mejor buscar trabajo?.
Dejé la jarra vacía sobre la mesa, cogí las llaves y me volví hacia Shaiskes.

- No voy a pasar la noche aquí, quiero llegar ya a la ciudad. Pero tengo que ponerme la armadura ¿ te importaría subir y ayudarme por favor?.- No había asombro en su expresión, las cosas no habían cambiado. Me alegré.
- Claro.

Cuando formas parte de un gremio sus miembros son como tus hermanos. Sangre de tu sangre hasta que algo te obligue a dejar el gremio o cometas una infracción. La mayoría de su formación son hombres, y las pocas mujeres que lo forman son sanadoras, magas y brujas. No puedes depender de ellas porque son bastante recelosas o no son capaces de levantar mas de dos kilos de acero. Así pues, son tus compañeros de armas los que te ayudan a ponerte las partes de la armadura que tu sola no podrías. Llevo desde los 14 años formando parte del Gremio. Para mí ya no existe ni el pudor ni la vergüenza de la desnudez.
Mi cuerpo es una masa fibrada llena de durezas. Hace mucho que deje de tener la textura suave de una mujer y unas curvas apetecibles. Se ha convertido a base de años de entrenamientos y batallas en una herramienta mas para la victoria de una guerra. Ya no pienso nunca en mi como mujer. La diferencia entre mis compañeros de armas y yo es que ahorro con mas facilidad, pues yo no frecuento prostíbulos.

Entré en la habitación. Era pequeña, pero no necesitaba mas que un espacio cubierto donde cambiarme. Dejé la capa sobre la cama, tiré mis botas por el pasillo y me concetré en el laborioso arte de quitar un corsé de piel. Shaiske empezó a sacar las piezas de mi armadura y las dispuso en orden sobre la cama.
Por ultimo cogió mi espada y la examinó con cautela. La desenvainó y me pregunto con un tono dudoso en su voz:

- Micaiah ¿ Qué has hecho con tu escudo?. - La envainó de nuevo y la dejo con cuidado sobre la pared.
- ¡ Ah! Ehm... lo tiré al foso de Ventormenta. Ya sabes, no me iba a volver a hacerme falta.- dije despreocupadamente mientras terminaba de quitarme la camisa interior y empezaba a desabrochar los nudos de los pantalones.
- Era el escudo de tu señor padre Micaiah. - El tono amargo de su voz hizo que se me hiciera un nudo en la garganta. Al final el dichoso me haría tener remordimientos.
- Voy a elegir otro camino diferente al suyo, ese escudo era tan solo un peso muerto para mi viaje.- Intenté sonar lo más solemne y serena posible.
- ¡Espérame aquí Micaiah, ahora vuelvo!. - Y no me dio tiempo a despedirme. Salió corriendo escaleras abajo.

Una vez desnuda me paseé por la habitación donde estaba mi armadura y me pareció una extraña. Hacía meses que no me ataviaba con ella. No hubiese podido aunque quisiese. Necesitaba ayuda para hacerlo, y una cosa es pedírsela a un viejo compañero del gremio y otra a un cualquiera.
Estaba terminando de colocarme la protección de las piernas cuando Shaiskes entro de nuevo en la habitación.

- Toma esto. - Extendió hacia mi una pesada maza que parecía usarse a dos manos.- Te hará falta si vas a abandonar el escudo, no puedes ir por ahí con una espada corta como esa y nada mas.- Le di las gracias con un ligero asentimiento de cabeza.

- Ayúdame con la espalda por favor.

Mientras yo me sujetaba la coraza él la ajustaba por detrás con maña. Escuché un bufido.
- Estas más delgada Mica, te queda mas holgado que la última vez
- Shaiskes, mi madre sigue viva, gracias.

Una vez todo el trabajo hecho me miré en un pequeño espejo mugriento de la habitación.
Esa era yo. Y no estaba a disgusto, es el camino que yo había elegido. Nadie me obligó a ingresar en la Orden de los Paladines. No, mi madre hubiese sido más feliz si hubiese contraído matrimonio con algún noble caballero. Pero ella no lo entendía, nunca lo entendería. Dentro de mí corría el dulce fuego de la venganza, un fuego que no se apagaría nunca.
El tacto suave de una capa aterciopelada sobre mis hombros me saca de mis pensamientos. Shaiskes, aparte de una maza nueva me había traído una capa larga azul marina y ahora se entretenía en abrochármela.

- Gracias Shaiskes.
- Tengo aquí un trabajo de la guardia de la ciudad, ya sabes, pequeñeces, un grupo de rufianes quizás. Yo tengo que dejar la ciudad unos días para visitar a mi hija en el día de su nombre. Sé que es aburrido pero ¿ quieres encargarte de ello?

Tomé el pergamino que extendía hacia mí. Lo leí y le sonreí agradecida.
- Esto esta hecho.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Resurgir


Por cada gesto de desprecio, por cada palabra mal sonada, por cada mirada indignada mi propio y mal creado doppelgänger se hacia paso con sus garras desde mis entrañas.
Cada día costaba mas retenerlo dentro de mi. Porque...¿ Es lo que hay que hacer verdad ?
Hay que preservar el lado puro e inocente y matar en tu interior a su sombra.
¡ Pero como duele ! Hace presión contra mi corazón y se revela cuando lo ato con mas fuerza que nunca. En su lugar, siempre dejo escapar uno o dos lágrimas.
Pero ya no me quedan palabras de consuelo para esta sombra, ya no me queda nada que decirle.
Es como si hubiese renegado de ella. Y lo sabe. Indaga en mis pensamientos con recelo y me llama débil y voluble.

A veces tengo la dulce tentación de abandonarme enteramente a ella. Que sea ella la que rija mi destino.
Ella cuidaría de mi con recelo. Y yo ya no tendría que preocuparme nunca mas de las palabras adecuadas y el momento adecuado.
Ella haría las cosas a su manera y pondría el mundo del revés.
¡ Ay Diosa, ayúdame porque cada vez que repito para mi estas palabras mas seductoras me resultan !

Mi bien amado doppelgänger hace que hierva y retumbe mi sangre. Cuando esta mas presente que nunca, cuando casi se relame de satisfacción por estas fuera noto sus golpes en mi sien.
Pero siempre hago acopio de voluntad y la obligo a retroceder.
Pero ya sabes, no me culpes, cada vez es mas difícil.
Y llegará el día en que me sea imposible controlarla.



miércoles, 22 de octubre de 2008

Quiero ser invierno


"Second chances they don't ever matter, people never change
Once a whore you're nothing more,
I'm sorry, that'll never change
And about forgiveness,
we're both supposed to have exchanged
I'm sorry honey,
but I'm passing up, now look this way"



Nunca había visto un valle cubierto de niebla. Como avanzaba poco a poco matando lentamente los colores.
Era sobrecogedor, pero hoy estaba preparaba para ver semejante espectaculo.
Se filtraba sinuosamente através de los campos y bajaba las laderas de las montañas dejando un manto espeso gris y humedo a su paso.

Yo soy extremista, blanco o negro.
Mientras lo observaba todo refugiada en el interior del vagón, deseaba con ganas que la niebla tambien me hiciese suya y me apagase por completo.
Ansiaba el frio escalofrio que provoca la humedad y el golpe de un viento de norte.
Hoy quiero ser invierno, quiero ser nieve y mal tiempo.

miércoles, 8 de octubre de 2008

Chanterai pour mon corage

Chanterai por mon corage
Que je vueill reconforter,
Car avec mon grant damage
Ne quier morir n'afoler,
Quant de la terre sauvage
Ne voi nului retorner
Ou cil est qui m'assoage
Le cuer, quant j'en oi parler.
Dex, quant crieront Outree,
Sire, aidiés au pelerin
Por cui sui espoentee,
Car felon sunt Sarrazin.
Soferrai en tel estage
Tant quel voie rapasser.
Il est en pelerinage,
Dont Dex le lait retorner !
Et maugré tot mon lignage
Ne quier ochoison trover
D'autre face mariage ;
Folz est qui j'en oi parler !
Dex, quant crieront Outree,
Sire, aidiés au pelerin
Por cui sui espoentee,
Car felon sunt Sarrazin.
De ce sui au cuer dolente
Que cil n'est en Biauvoisis
Qui si sovent me tormente :
Or n'en ai ne gieu ne ris.
S'il est biaus, et je sui gente.
Sire, Dex, por quel feïs ?
Quant l'uns a l'autre atalente,
Por coi nos as departis ?
Dex, quant crieront Outree,
Sire, aidiés au pelerin
Por cui sui espoentee,
Car felon sunt Sarrazin.
De ce sui en bone atente
Que je son homage pris,
Et quant la douce ore vente
Que vient de cel douz païs
Ou cil est qui m'atalente,
Volontiers i tor mon vis :
Adont m'est vis que jel sente
Par desoz mon mantel gris.
Dex, quant crieront Outree,
Sire, aidiés au pelerin
Por cui sui espoentee,
Car felon sunt Sarrazin.
De ce sui mout decüe
Que ne fui au convoier ;
Sa chemise qu'ot vestue
M'envoia por embracier :
La nuit, quant s'amor m'argue,
La met delez moi couchier
Mout estroit a ma char nue
Por mes malz assoagier
Dex, quant crieront Outree,
Sire, aidiés au pelerin
Por cui sui espoentee,
Car felon sunt Sarrazin.

"chanson de croissades, XIIIº siècle"

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Traducción en ingles.

I will sing to comfort my heart,
For I do not want to die
Or go mad from my great loss,
When I see that no one returns
From that foreign land,
Where the man is who
Brings solace to my heart
When I hear him spoken of.
God, When they cry 'Onward'
Give Your help to that pilgrim
For whom my heart trembles,
For the saracens are treacherous.
I shall bear my loss
Until I have seen a year go by,
He is on a pilgrimage;
May God grant that he return from it!
But, in spite of all my family,
I do not intend to marry any other.
Anyone who even speaks to me of it
Is a fool.
God, When they cry 'Onward'
Give Your help to that pilgrim
For whom my heart trembles,
For the saracens are treacherous.
However, I am hopeful
Because I accepted his homage.
And when the sweet wind
Blows which comes from that sweet country
Where is the man whom I desire,
Then I turn my face toward it gladly,
And it seems to me that I can feel him
Beneath my mantle of fur.
God, When they cry 'Onward'
Give Your help to that pilgrim
For whom my heart trembles,
For the saracens are treacherous.
I regret very much that I was not there
To set him on the road.
He sent me his shirt which he had worn,
So that I might hold it in my arms.
At night, when love for him tormets me,
I place it in bed beside me
And hold it all night against my bare skin
To assuage my pains.
God, When they cry 'Onward'
Give Your help to that pilgrim
For whom my heart trembles,
For the saracens are treacherous.


jueves, 2 de octubre de 2008

We will go home, across the mountains

Land of bear and
Land of eagle
Land that gave us birth and blessing
Land that pulled us ever homewards
We will go home across the mountains

We will go home, we will go home
We will go home, across the mountains
We will go home, we will go home
We will go home, singing our song

Hear our singing,
Hear our longing
We will go home across the mountains

We will go home, we will go home
We will go home, across the mountains
We will go home, we will go home
We will go home, we will go home.

jueves, 25 de septiembre de 2008

El fantasma de una rosa

El verde valle estaba tan calmado
En medio corria un riachuelo tan azul...
Una bella doncella, desesperada, una vez había conocido alli a su verdadero amor y le dijo...
Ella diría...
" Prométeme que cuando veas una rosa blanca pensarás en mi .
Te amo tanto,
nunca te dejaré marchar
Seré el fantasma de esa rosa "

Sus ojos creían en misterios
yacería entre las hojas del ambar
Su espíritu salvaje, corazón de niña aunque gentil, silenciosa y tierna
y el la amaría...
Cuando ella le dijera...
" Prométeme que cuando veas una rosa blanca pensarás en mi .
Te amo tanto,
nunca te dejaré marchar
Seré el fantasma de esa rosa "

Cuando todo estaba hecho ella empezó a correr bailándole al atardecer mientras él la observaba
Y alguna veces el creyó haberla visto
Un resplandor de ella sobre los paramos para siempre
El la oiría decir...
" Prométeme que cuando veas una rosa blanca pensarás en mi .
Te amo tanto,
nunca te dejaré marchar
Seré el fantasma de esa rosa "

martes, 23 de septiembre de 2008

La princesa está triste...

La princesa está triste . . . ¿qué tendrá la princesa?

Los suspiros se escapan de su boca de fresa,
que ha perdido la risa, que ha perdido el color.

La princesa está pálida en su silla de oro,
está mudo el teclado de su clave sonoro;
El jardín puebla el triunfo de los pavos reales.
Parlanchina, la dueña dice cosas vanales,
y, vestido de rojo, piruetea el bufón.

La princesa no ríe, la princesa no siente;
la princesa persigue por el cielo de Oriente
la líbelula vaga de una vaga ilusión.

¿Piensa acaso en el príncipe de Golconda o de China,
o en el que ha detenido su carroza argentina
para ver de sus ojos la dulzura de luz?
¿O en el rey de las Islas de las Rosas fragantes,
o en el que es soberano de los claros diamantes,
o en el dueño orgulloso de las perlas de Ormuz?

¡Ay! La pobre princesa de la boca de rosa,
quiere ser golondrina, quiere ser mariposa,
tener alas ligeras, bajo el cielo volar,
ir al sol por la escala luminosa de un rayo,
saludar a los lirios con los versos de mayo,
o perderse en el viento sobre el trueno del mar.

Ya no quiere el palacio, ni la rueca de plata,
ni el halcón encantado, ni el bufón escarlata
ni los cisnes unánimes en el lago de azur.
Y están tristes las flores por la flor de la corte;
los jazmines de Oriente, los nelumbos del Norte,
de Occidente las dalias y las rosas del Sur.

¡Pobrecita princesa de los ojos azules!

Esta presa en sus oros, esta presa en sus tules,
en la jaula de mármol del palacio real,
el palacio soberbio que vigilan los guardas,
que custodian cien negros con sus cien alabardas,
un lebrel que no duerme y un dragón colosal,
¡Oh quien fuera hipsipila que dejó la crisálida!


(La princesa está triste. La princesa está pálida.)


¡Oh visión adorada de oro, rosa y marfil!
¡Quién volara a la tierra donde un príncipe existe
(La princesa está palida. La princesa está triste)
más brillante que el alba, más hermoso que abril!

—¡Calla, calla, princesa -dice el hada madrina-,
en caballo con alas, hacia acá se encamina,
en el cinto la espada y en la mano el azor,
el feliz caballero que te adora sin verte,
y que llega de lejos, vencedor de la Muerte,
a encenderte los labios con su beso de amor



Ruben Darío

Dos años ( Micaiah )

[ Un relato de Micaih, mi paladina del Wow. Antes de este hay otro que aunque no tengan nada que ver dejo aquí el link por si a alguien le interesa ( que seguro que no xD ) . Micaiah en la capital Aqui. ]

Frente a mí, una inmensa explanada de hierba y al fondo, como un dibujo acuarelado la silueta de Ventormenta. Habían pasado dos años desde que huí aprisa una medianoche ataviada como una bandida a lomos de Atreyu. Dos años desde que mi rebeldía e ignorancia me hicieron caer en la desobediencia a las ordenes de un superior. El gremio me expulso y con ello lleve la desgracia al escudo de mi señor padre a mi renombre y a la reputación que ya tenia ganada en la sagrada ciudad.
Malditos sean esos días.
Maldita sea mi soberbia.

El cielo ennegrecía por momentos y el fuerte Atreyu se removía nervioso. Tormenta.
Me bajé del caballo y eché una mirada rápida a mí alrededor.
Quizás hubiesen unas cuevas a pie de las montañas al oeste, o unas piedras lo suficientemente grandes para alzar un pequeño campamento. No había nada.
No me importaba lo mas mínimo mojarme. Mi armadura y la cota de malla se encontraban en una de los sacos que arrastraba la montura. Los ropajes con los que me ataviaba en ese momento no eran los mas adecuados para una paladina, eran los de una viajera que quería cabalgar en el anonimato. Me preocupaba por Atreyu.

Él si llevaba una armadura costosa de metal y no quería verlo todo convertido en un montón de hierro oxidado. No, y menos después del precio que había pagado por aquella dichosa armadura.
A pesar de todo no me arrepentía. El caballo joven y flacucho que robe de los establos de la guardia el día de mi huida ahora se había convertido en un semental, grandioso, robusto y blanco como la nieve. Adoraba a ese caballo
Tanto como para gastarme la mitad de mi escasa fortuna en protegerlo de trampas y balas perdidas. En ese momento no tenia nada ni nadie más.

Mi escudo se estaría pudriendo en el fondo de la presa que cerca Ventormenta. Había hecho lo correcto, no tenia nada mas que hacer con él.

Palmee un par de veces a Atreyu en el lomo y me puse en camino hacia la ciudad. No era tan estúpida como para presentarme en la guardia completamente empapada por la lluvia y sin armadura. No, esta vez quería hacerlo bien. Quería abrirme las puertas hacia algo más. Y la visión de una muchacha delgaducha desarmada y manchada de fango no era precisamente la mejor forma de empezar. No. Solo quería ver si aun se encontraba esa posada a medio camino para pasar la noche y dar cobijo a Atreyu durante el diluvio.

Ya la divisaba. Un par de puntos incandescentes. La posada de cornamenta.
Deje a mi montura en el establo deleitándose con heno fresco y un lugar seco y seguro y yo me dirigí a puertas de la posada. Traspase el umbral y una agradable sensación cálida me envolvió. Olía a madera ardiendo, empanadas recién hechas, pólvora, cerveza y tabaco. Un ambiente familiar, después de tantos meses sin hogar lo mas parecido son las posadas.

Pero algo no iba del todo como yo esperaba. Enanos disfrutando de su más merecido placer, un par de encapuchados al fondo y varios guerreros en torno a la chimenea, todos se habían vuelto hacia mí. Era extraño.
Quizás me había acostumbrado a las posadas abandonadas en grandes paramos donde a nadie él importaba quien era y a donde ibas. Aquella era la única en el camino de Ventormenta a Villa del lago, todos se conocían y... si quizás sea eso. Soy una extraña para ellos.

Anduve un par de pasos mas con la cabeza baja para esquivar las miradas hasta que me choque con algo. Me sobresalté. Me habían sujeto por los hombros y completamente confusa levante la mirada para encararme con el indeseable que se interponía en mi camino.
Piel azul marina, dos metros aproximadamente de altura, armadura dorada reluciente y unos ojos en blanco. Suspire, sabia que esto tenía que pasar, pero no tan pronto

- Cuanto tiempo Micaiah...

lunes, 22 de septiembre de 2008

Doppelgänger

Doppelgänger es la palabra alemana que se usa para definir a nuestro doble fantasmagórico. Generalmente en referencia al "gemelo malvado" o al fenómeno bilocación.

La mayoría de las personas afirmaríamos que el "doppelgänger" es fruto de las raíces supersticiosas nórdicas y que en la actualidad no es mas que un cuento de pura fantasía. Afirmamos en numerosas veces que las personas no somos esencialmente ni negras ni blancas. Que todos somos neutros pues nuestras acciones están ligadas a nuestra forma particular de ver el mundo ( particularmente egoísta normalmente ).

Yo puedo afirmar la existencia de mi propio "fantasma malévolo".
Y no, no estoy tan loca como muchos pensáis.
A lo largo de mi vida me encontrado con muchas personas y he entablado diversas relaciones de amistad, odio o cariño.
Y lo que no termino de comprender es porque para mi desgracia las personas con las que entablo algún vinculo de cariño ( ya sabéis, algo mas allá de la amistad y no necesariamente un romance ) tan solo ven en mi la "cara blanca".
Podéis pensar "eso es porque te idealizan". Mentira.
Porque para idealizar tienes que obviar defectos y no es así. En mi suelen ver defectos, pero los que puedes ver en una persona dulce e inocente. Ingenuidad, desamparo, inseguridad, indecisión.

Es absurdo, tanto, que ya le estoy buscando nombre a mi otra cara, ya sabéis, "la maligna". Y ya no es solo el carácter, si no los gustos y las ideas.
Si hay algo que no les encaja en sus cabecitas comentaran "eso es demasiado oscuro para ti" o "no sabia que te gustaran esas cosas" y encima harán mueca de desencanto.
Antes me abrumaba todo este asunto y pensaba que seria mi culpa, hipócrita, doble personalidad y otras lindezas. O simplemente era que seleccionaba inconscientemente a caballeros perdidos con afan de encontrar a un doncella pura en apuros. Quizás sea esto ultimo.

Me encantaría que la gente me aceptase tal como soy y no me quisiese a trozos. Porque seguramente si alguien se preocupase en indagar un poco mas descubriría que tengo mas disciplina, genio, decisión y fortaleza que el "listo" que se preocupa en mantenerme en una burbuja.

Soy soberbia, orgullosa, vengativa, rencorosa, insociable, irascible, astuta y retorcida. Me gusta la heráldica, la literatura de terror, las armas blancas, la estrategia militar, y la vida con cierto toque melodramático. Mi animal favorito es el lobo, no el conejo. Y detesto tener un doppelgänger en vez de una personalidad integra con sus pros y sus contras, el lado tierno y el no tan tierno.

miércoles, 2 de abril de 2008

Sin reino

Durante estos dias iré subiendo algún que otro dibujito que hice en las ultimas noches en vela ;).

domingo, 3 de febrero de 2008

~Ideas en un tren~

Pensaba en cuanto echaba de menos salir a caminar.

Ilusa, siempre he pensado que haya donde fuese habría un terreno frente a mi lleno de arboles y un cielo plagado de estrellas.
También he estado pensando sobre cuanto queria ver el mar, como antes, medio dormida a través del cristal de un autobus a media tarde.

Lunita ( mi precioso conejo inmaginario ) saltaba y bailaba a mis pies intentando distraerme un poco de la melancolia ocasional de camino a trabajar.
Le agradecí el gesto, se que hace cuanto puede por ayudarme.
Pero en ese momento hubiese necesitado quizás mas una tableta de chocolate y una tarde en un porche soleado, o mejor un zumo de sandia con los pies chapoteando en una piscina.

Sobretodo, estos dias tengo ganas de tomar un buen chocolate caliente con nata y vainilla.
Y también me gustaría perderme en algun hotelito rural donde descansar, escuchar música y pasar noches en vela.

Ay Lunita, gracias por aguardar paciente dia a dia bajo la mesa de mi oficina, prometo llevarte de vacaciones.

martes, 20 de noviembre de 2007

Margarito en sociedad



Este es Margarito, mi galgo cruzado con dalmata. Se llama a si porque tiene manchitas como las vacas y para mi todas las vacas se llaman Margarita asi que el comono es hembra, Margarito.

Nuestro dalmata esta basado en un peluche que cierta tarde recogi de una tienda de jueguetes muy pequeñita pintada de azul.


lunes, 19 de noviembre de 2007

Srta Yukino y yo


Yo y mi chucho la Señotita Yukino. ¡ Ya queda menos para ir a verla !

domingo, 18 de noviembre de 2007

Pinku Poodle


Una perrita con todo su arte fresil y canichil. ¡ Como quiero mis acuarelables ^__^ !

sábado, 17 de noviembre de 2007

Los padres de Yuki


Estos son los papas de Yuki ( Yuki o la Srta. Yunkino es mi golden retriever). Esta coloreado con lapices acuarelables ¡ Le estoy cogiendo un cariño a estos lapices !
Hoy es sabado y toca un dia de relax fotografias y vueltecitas por el centro del pueblo.
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They're yuki's parents. Yuki or Miss Yukino is my Golden retriever, she's sooo cute *^^*.

viernes, 16 de noviembre de 2007

Pedidos y mudanzas

Dejé el blog apartado por un tiempo ya que he tenido una importante mudanza. Ahora ya estoy mas asentada y creo que puedo seguir dejando comentarios y dibujitos con regularidad. En estos meses le compré un Amigurumi a Laura Diez. Una osita preciosa que se le ha renombrado con el como Himawari y se ha hecho amiga intima de nuestra conejita.

Comprarle es un placer, la osita estaba hecha con todo detalle y el paquete lleno de detallitos cada cual mas lindo. ¡ Si hasta había una piruleta ! Muchisimas Gracias ^__^.



Por último, este mes hice otro pedido. Esta vez a Chiscol (Link a su tienda).
Ha sido otra delicia mas, es el paquete mas dulce que he recibido nunca. Cada paquetito tenía un lacito adornando. El envoltorio rosa y blanco y corazones blanditos de regalo ¿Que mas se puede pedir? Prometo cuidar con mimo a mi gatita que ya se situó en el abrigo para poder llevarla bien cerca. Se llama Dafne ^_^.




lunes, 25 de junio de 2007

Queen of Pink Moles

¡ La Reina Suprema y Fantastica de los Topitos Rosas ¡

Cuanto de productiva puede ser una tarde aburrida en el trabajo.
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The Queen of Pink Moles ¡

miércoles, 20 de junio de 2007

Lana y Chuche

Esta es Lana, mi pequeña compañera; es una pastora que vive en un pueblo que parece haberse quedado atrapado en el medievo. Nuestra niña campestre tiene muy mal genio y le gusta poner los puntos sobre las ies y acentos sobre las os.
Le acompaña siempre chuche su oveja favorita; le encanta recoger margaritas y su comida favorita son los huevos fritos. Se ha leido ya Heidi 12 veces.
Entrada de Bienvenida después de un viajecito =)


jueves, 14 de junio de 2007

Lady Bee

La pequeña Bee ha llegado esta mañana, me ha tirado de la cama exigiendome que fuese a buscarla en persona como duquesa de tan rango se merece.
Lady Bee ( de nombre completo BeBe) es de familia noble por parte de su madre quien era la Duquesa de las Galletas de Fresa y Nata, titulo que ha heredado su pequeña hija.
Su padre el Duque de los rollitos de crema y miel se encuentra en paradero desconocido; se rumorea que se encuentra en un cajon de galletas cerca de Suecia.
La pequeña Bee ha sido posible gracias a http://chocolateswirl.etsy.com/ . ¡ Que manos tiene ¡
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The Little Bee has come this morning.
Lady Bee (complete name BeBe) She is of noble family. Her mother was the Duchess of the Cookies of Strawberry. His father the Duke of the Cakes of cream and honey is in unknown place ; people think that is in a booth of cookies near Sweden.
The little Bee has been possible thanks to http://chocolateswirl.etsy.com/ . She's got nice things ¡



miércoles, 13 de junio de 2007

Criaturitas de Hollyjayne

Encontre hace unos dias mirando en Little World unos ositos preciosos de color pastel que dan ganitas de pegarle un bocao' .
Holly Jayne hace una maravilla de criaturitas y otras que parecen sacadas del mundo de las golosinas¡ Este es su Live Journal que por cierto es encantador y se ve como van tomando forma sus bichitos HollyJayne .
En cuanto pueda me hare con el oso Panda Clay y alguna cosita mas, ya van demasiados gastos en este mes. Esta es la tienda de Holly Jayne http://www.hollyjayne.com/.
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I found few days ago looking Little World nice teddies.
Her Live Journal is charming ¡¡ HollyJayne .
. I want Clay Panda * snif * .
This one is Holly Jayne's shop http://www.hollyjayne.com/ .